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Foto: Pablo Lara Santos
En marzo del año pasado presentamos una entrada, LOS ERIZOS DE MAR, que nos permitió avanzar en el conocimiento de estos bichos –equinodermos- de los que ya teníamos algunas experiencias, y al mismo tiempo conseguimos amigos que nos ayudaron con sus conocimientos y experiencias en el tema.
En esta ocasión, y gracias al libro
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de Juana Barría Aguiló, mejoramos los conocimientos sobre el erizo de mar.
Nada más empezar, la autora nos presenta curiosos detalles de este codiciado bocado:
Ilustración del libro “Elogio del erizo de mar”
El erizo pertenece a la familia de los equinodermos. Esta palabra significa de “piel espinosa” y a la misma pertenecen las estrellas de mar, las ofiuras, que se parecen a las estrellas, pero que, en lugar de cinco puntas, tienen cinco brazos o tentáculos largos y delgados, y los cohombros de mar o pepinos de mar, que realmente tienen forma de pepino y son muy apreciados en la gastronomía china.
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Los erizos se dividen en dos grandes grupos: los regulares y los irregulares. La mayoría de los erizos de mar regulares o “redondos”, que son los que nosotros más conocemos, son omnívoros, es decir, que se alimentan de plantas, pero que tampoco le hacen asco a algunos animalitos que viven incrustados en las rocas. Para esto, utilizan los cinco dientes que tienen en la llamada linterna de Aristóteles, curioso nombre que recibe la boca del erizo.
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La boca del erizo se llama linterna de Aristóteles porque este famoso filósofo fue el primero en describirla en uno de sus tratados.
Aristóteles (384-322 a. de C.) no solo fue uno de los grandes filósofos griegos, junto con su maestro Platón, sino también un gran observador de la naturaleza.
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Parece ser que el primero que se refirió a la boca del erizo como la linterna de Aristóteles, fue Plinio el Viejo (23-79 d. de C.) en su Historia natural.
Ilustración del libro “Elogio del erizo de mar” El erizo de mar está ya presente en las representaciones de la Antigüedad clásica relacionadas con la pesca y su consumo, como en estos mosaicos conservados en la Villa di Piazza Armerina en Enna (Sicilia) y en el Museo Arqueológico de Nápoles.
Del casi medio centenar de recetas incluidas en el libro, señalamos una:
Revuelto de oricios (cuatro personas)
10 o 16 oricios o el equivalente en oricios en conserva
Ocho huevos
Dos cucharadas del líquido de los erizos
Sal u pimienta.
Abra los oricios, guarde una parte del líquido y fíltrelo. Retire las huevas. Ponga los huevos batidos con el líquido de los oricios y sazonados con sal y pimienta en una sartén con aceite caliente, pero a fuego bajo. Comience a mezclar y, apenas empiecen a cuajar, añada los oricios (si fueran en conserva, desmenúcelos previamente con el tenedor). Si, pese a todo, se endurecen demasiado rápido, retire la sartén del fuego un par de veces durante la cocción. Siga mezclando, hasta que esté más o menos cuajado, según prefiera.
Sirva caliente.
También puede cocer al baño maría. Es más lento, pero el revuelto queda más suave y esponjoso.